Para nadie es un secreto que la industria de los videojuegos está secuestrada por desarrolladores con el pelo pintado de púrpura o azul. Descubre a qué se debe esto.

En la industria de los videojuegos, la falta de creatividad en los nuevos desarrolladores se ha convertido en un problema evidente. Proyectos como Concord, un shooter heroico de Sony con un presupuesto estimado en 400 millones de dólares, apenas vendieron 25.000 unidades y cerraron servidores en dos semanas.
Este fracaso no es aislado: refleja una homogeneidad ideológica impulsada por desarrolladores woke y progresistas, priorizando agendas políticas sobre innovación y diversión. En 2024, la industria vivió un "año de flops" marcado por despidos masivos y el rechazo al DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión).
La homogeneidad ideológica asfixia la creatividad
Los nuevos desarrolladores, influenciados por doctrinas progresistas surgidas de universidades y consultoras, producen juegos con narrativas y personajes predecibles. Diseños "diversos" en apariencia —mujeres con aspecto masculino o no, minorías forzadas— ocultan mecánicas genéricas y tramas moralizantes. En lugar de explorar mundos originales, repiten fórmulas saturadas como live-service shooters o RPGs con mensajes sociales derivados del marxismo cultural. Esta uniformidad sacrifica la originalidad por la virtud señalada, creando productos indistinguibles que alienan a la audiencia principal.
Consultoras como la siniestra Sweet Baby Inc., expertas en "inclusión narrativa", han permeado estudios AAA. Sus intervenciones en Suicide Squad: Kill the Justice League, Dragon Age: The Veilguard, Dustborn y South of Midnight coinciden con caídas drásticas en ventas. Suicide Squad generó pérdidas millonarias para Warner Bros., que vio su revenue caer un 48% en 2025 por colaboraciones con SBI. Veilguard y Dustborn lucharon por metas comerciales, mientras South of Midnight no superó 1.500 jugadores concurrentes.
Fracasos comerciales que demuestran la crisis
Concord ejemplifica esta decadencia. Lanzado en 2024, prometía innovación, pero su énfasis en diversidad estética sobre jugabilidad única lo condenó. Críticas destacaron personajes "woke" poco atractivos y falta de diferenciación, llevando a un pico ínfimo y cierre prematuro. Unknown 9: Awakening y otros vinculados a SBI registraron rechazos masivos por gente con sentido común. Incluso Elon Musk criticó esta tendencia, anunciando su propio estudio para "hacer grandes los videojuegos otra vez".
La industria reporta un colapso: estudios como Firewalk (Concord) y Rocksteady cerraron, con despidos en Sony y EA. En España, se habla de "woke over", el fin de la inclusión forzada que colapsó proyectos.
Contraste con éxitos creativos no ideologizados
Mientras, Helldivers 2, Black Myth: Wukong, Stellar Blade y Space Marine 2 triunfaron con mecánicas innovadoras y respeto al jugador. Sin forzar diversidad, vendieron millones enfocándose en diversión accesible y mundos inmersivos.
Black Myth: Wukong superó 10 millones de copias, priorizando arte chino auténtico sobre agendas occidentales. Estos casos prueban que la creatividad florece sin intervenciones woke.
Hacia un renacer creativo
La falta de creatividad radica en priorizar ideología sobre arte, fomentando cámaras de eco en estudios. Fracasos como Concord, Veilguard y SBI advierten: la homogeneidad progresista no vende.
La industria debe volver a raíces creativas, diseñando para audiencias globales, no nichos activistas. Solo así, con meritocracia y foco en jugabilidad, recuperará su esplendor.
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