Descubre la fascinante trayectoria de los videojuegos de Dragon Ball en este análisis detallado que recorre desde los pioneros títulos de NES hasta PS5.

La franquicia Dragon Ball, creada por Akira Toriyama, ha trascendido el manga y el anime para conquistar el mundo de los videojuegos desde 1986. Con más de 80 millones de unidades vendidas globalmente hasta 2026, esta saga ha evolucionado paralelamente a las consolas, pasando de humildes RPG en 8 bits a épicos fighters en 4K.
Este artículo analiza los títulos más relevantes por generación, destacando innovaciones técnicas y jugabilidad, y explora las razones de su perdurable éxito.
Los orígenes en NES y SNES: Pioneros de la aventura y la lucha
En NES (Famicom en Japón), Dragon Ball: Shenlong no Nazo (1986) inauguró la serie como un RPG de acción simple, donde Goku resuelve enigmas para convocar a Shenron y enfrenta a Pilaf y sus secuaces con combates básicos pero adictivos. Limitado por el hardware de 8 bits, capturó la esencia exploratoria del manga original, con gráficos pixelados que evocaban las primeras aventuras del protagonista.
La SNES elevó el estándar con la trilogía Super Butōden (1993-1994), juegos de lucha 2D veloces que recreaban batallas icónicas como Goku vs. Freezer, incorporando mecánicas fluidas, supers y modos historia fieles al anime. Dragon Ball Z: Super Saiya Densetsu (1992), un RPG magistral con mapa mundial, y Hyper Dimension (1996), con viajes dimensionales y gráficos vibrantes, se consideran joyas retro por su narrativa profunda, rejugabilidad y fidelidad a la saga Z.
PS1 y PS2: La era Budokai y la revolución 3D
PlayStation 1 ofreció Dragon Ball Z: Ultimate Battle 22 (1995), un fighter con 22 personajes, combos intensos y edición de personajes, junto a Dragon Ball GT: Final Bout (1997), que introdujo el GT con arenas dinámicas y transformaciones espectaculares, sentando bases para la era 3D de la franquicia; aunque estos no tuvieron buena recepción como Dragon Ball Z: The Legend (1996).
La PS2 marcó un hito con la saga Budokai (2002-2004), desarrollada por Dimps, donde Dragon Ball Z: Budokai 3 refinó transformaciones, fusiones y modos historia detallados, vendiendo más de 2 millones de copias. La subsaga Budokai Tenkaichi (2005-2007), culminando en Tenkaichi 3 con cerca de 3 millones de unidades y un roster de 161 personajes, apostó por arenas abiertas, destrucción masiva y vuelo libre, revolucionando los fighters 3D y definiendo el estándar de spectacle en la franquicia.
PS3: Transición con Raging Blast
En PS3, Dragon Ball: Raging Blast 2 (2010) y Dragon Ball Z: Ultimate Tenkaichi (2011) pulieron las mecánicas de Tenkaichi con gráficos HD, multijugador online y destrucción ambiental mejorada, aunque criticados por falta de profundidad narrativa y balances irregulares.
Esta generación sirvió de puente hacia la next-gen, incorporando personalización y modos versus robustos que prepararon el terreno para títulos más ambiciosos como Dragon Ball: Xenoverse (2015), fusionando RPG y lucha en un hub online persistente, demostrando la madurez técnica de Bandai Namco en la transición a HD.
DBZ en PS4 y PS5: Excelencia contemporánea
La PS4 brilló con Dragon Ball FighterZ (2018, Arc System Works), un fighter 2D fiel al anime que superó 10 millones de ventas gracias a su netcode superior, equipos de tres y animaciones cel-shaded impecables. Dragon Ball Z: Kakarot (2020), un RPG de acción con exploración abierta, recrea la saga Z completa y ha alcanzado 10 millones de copias, con DLC expansivos.
En PS5, Dragon Ball: Sparking! Zero (2024), sucesor espiritual de Tenkaichi, ha vendido más de 5 millones de unidades con 184 personajes, físicas realistas, modos historia épicos y rendimiento 60 FPS/4K, consolidando la era moderna con actualizaciones constantes y cross-play.
¿Por qué siguen produciéndose juegos de DBZ?
Los orígenes del desarrollo de los videojuegos de Dragon Ball se remontan a 1986, cuando Bandai adquirió rápidamente la licencia tras el breve paso de Epoch por el primer título. Desde entonces, Bandai (posteriormente Bandai Namco tras la fusión con Namco en 2005) ha mantenido una relación exclusiva y duradera con Toei Animation —productora del anime— y los titulares de derechos derivados del manga de Toriyama, lo que le ha permitido ser el publisher principal en Japón y, desde 2010, recuperar los derechos globales tras periodos de sublicencias (como con Atari en Norteamérica hasta 2009). Esta alianza estratégica asegura la fidelidad al material original y el acceso continuo a nuevos contenidos del anime.
La producción persiste gracias al vasto fandom global, impulsado por ventas millonarias que generan miles de millones en ingresos para Bandai Namco, con títulos como FighterZ, Kakarot y Xenoverse 2 superando los 10 millones cada uno. Además, acuerdos de licencia exclusivos desde 2009 aseguran que Bandai Namco retenga derechos perpetuos, mientras avances tecnológicos como ray tracing y IA permiten fidelidad visual al anime, atrayendo nuevas generaciones sin alienar a los veteranos.
En mi opinión, esta evolución refleja la vitalidad de Dragon Ball: de pixels rudimentarios a realismo next-gen, siempre priorizando spectacle, nostalgia y innovación. El futuro promete más hitos porque DBZ es eterno, consolidando su dominio en el gaming.












