El CEO de Sony ha vuelto ha hablar en una entrevista y revela que la compañía todavía enfrenta duras decisiones sobre el futuro de la PS6.
La industria del videojuego vuelve a recibir un jarro de agua fría. Hiroki Totoki, CEO de Sony, ha reiterado en una entrevista con The Wall Street Journal que la crisis de componentes —especialmente la escasez de módulos de memoria RAM— está afectando de tal forma a PlayStation que todavía no se ha fijado una fecha de lanzamiento para la PlayStation 6.
No es la primera vez que lo dice, pues hace algunos meses atrás Totoki se había referido al tema cuando habló sobre el precio de la PS6 por la crisis de los componentes, y eso es precisamente lo preocupante.
La crisis de hardware no es un problema pasajero
Totoki ha dejado claro que la situación actual no se puede ignorar. “Debemos tomar medidas. De otra manera, no podremos sobrevivir en este panorama”, afirmó. La escasez de piezas no solo está elevando los costes de fabricación, sino que está obligando a Sony a reconsiderar decisiones clave sobre su próxima consola.
En mayo ya había admitido que ni siquiera tenían claro el precio de la PS6. Ahora añade que tampoco hay fecha. Esto no es solo una demora técnica: es una señal de que la compañía está reevaluando todo su modelo de negocio en hardware. Están estudiando formas de reducir costes y de adaptar la comercialización de la consola a las condiciones del mercado. En otras palabras, Sony está improvisando sobre la marcha.
Los analistas no dan esperanzas a corto plazo. El precio de la memoria RAM podría mantenerse igual o incluso subir durante el año fiscal 2027. Algunas predicciones, como la de Lenovo, apuntan a que el problema podría alargarse hasta 2030. Si eso se confirma, la PlayStation 6 podría llegar mucho más tarde de lo que muchos esperaban.
¿Retraso estratégico o debilidad estructural?
Hay quien ve en esta incertidumbre una oportunidad. Retrasar la PS6 permitiría a Sony exprimir todavía más la PS5, una consola que, según muchos, aún no ha alcanzado su máximo potencial comercial. Pero esta lectura optimista tiene un reverso oscuro: si la next-gen se demora demasiado, el riesgo de perder momentum frente a la competencia (especialmente Microsoft y el auge del PC gaming) es real.
Además, el fantasma de un precio prohibitivo planea sobre la PS6. Con los costes de componentes disparados, es fácil imaginar una consola que supere los 600 o incluso 1000 dólares en su lanzamiento. Eso sería un golpe duro para una generación que ya ha sufrido subidas de precio en la PS5.
Sony necesita claridad, no más ambigüedad
Totoki lleva casi 40 años en Sony. Ha vivido el nacimiento de PlayStation y su consolidación como una de las marcas más potentes del entretenimiento. Por eso sus palabras pesan. Cuando el máximo responsable de la compañía admite públicamente que no hay fecha ni precio definidos, el mensaje que llega a inversores, desarrolladores y jugadores es de inseguridad.
La industria necesita previsibilidad. Los estudios independientes y los grandes publishers planifican sus calendarios con años de antelación. Los jugadores, por su parte, quieren saber cuándo podrán dar el salto. Seguir repitiendo que “todavía no hay decisión” solo genera frustración y especulación.
Sony tiene tiempo, pero no infinito. La crisis de hardware es real y compleja, y nadie espera milagros de la noche a la mañana. Sin embargo, la falta de un roadmap mínimo empieza a parecer una falta de liderazgo. La PlayStation 6 no puede convertirse en una consola fantasma que se menciona cada pocos meses sin avanzar.








