Por qué el activismo político perjudica a los videojuegos

El activismo político está parasitando el lado creativo de la industria de los videojuegos y a estas alturas ya no lo pueden disimular. Esto es lo que pasa.







En la industria de los videojuegos, un sector valorado en miles de millones de dólares y reconocido por su innovación técnica y narrativa, el activismo político ha emergido como una fuerza disruptiva. Ideologías progresistas y el denominado wokismo —un enfoque en la justicia social que prioriza la inclusión forzada y la corrección política— están infiltrándose en el desarrollo y la crítica de juegos, lo que resulta en una erosión de la creatividad original. Juegos wokistas como Concord, que fracasó estrepitosamente cerrando servidores en dos semanas con menos de 100 jugadores concurrentes, ilustran esta tendencia. 


En contraste, Knight's Path, un RPG medieval indie, ha experimentado un boom de popularidad con wishlists disparados en Steam tras rechazar presiones para incluir representación LGBTQ+ forzada, demostrando el rechazo del público a agendas ideológicas. Este artículo de opinión examina cómo estas dinámicas perjudican no solo a los creadores, sino también a los jugadores, al imponer agendas que sacrifican el entretenimiento puro por mensajes ideológicos.


La censura impuesta por presiones políticas


La censura en los videojuegos, impulsada por activismo político, representa una amenaza directa a la libertad expresiva. Gobiernos autoritarios, como los de China y Rusia, utilizan los juegos como herramienta para suprimir el discurso disidente, como se vio en el "Blitzchung affair" de 2019, donde Blizzard censuró a un jugador por apoyar protestas en Hong Kong. 


En Occidente, procesadores de pagos y grupos activistas de izquierda progresista presionan para eliminar contenido considerado ofensivo, limitando temas maduros o controvertidos. Esto no solo restringe la narrativa, sino que obliga a los desarrolladores a autocensurarse, reduciendo la diversidad temática y fomentando un panorama homogéneo donde la creatividad se somete a estándares políticos externos.


La pérdida del factor divertido en los juegos


Los videojuegos han prosperado históricamente por su capacidad para ofrecer diversión escapista, pero el activismo político introduce elementos didácticos que priorizan lecciones innecesarias sobre género, raza y política multicultural por encima del entretenimiento. Títulos recientes como Dustborn, que alcanzó solo 83 jugadores pico, y Concord, un desastre con $400 millones en pérdidas y cierre prematuro, han sido criticados por su enfoque wokista que convierte el gameplay en propaganda ideológica. 


En lugar de mecánicas innovadoras o historias inmersivas, se insertan diálogos forzados sobre inclusión para una minoría, diluyendo el placer jugable. Esta tendencia transforma experiencias lúdicas en herramientas propagandísticas, alienando a jugadores que buscan relajación en vez de adoctrinamiento de masas.


Ideologías progresistas: Contaminación en las desarrolladoras


Las desarrolladoras han sido contaminadas por ideologías progresistas, donde consultorías siniestras como Sweet Baby Inc. imponen cambios para promover diversidad forzada, como en Forspoken, Suicide Squad: Kill the Justice League y Dragon Age: The Veilguard, todos flops comerciales pese a presupuestos millonarios. 


Esto altera personajes y tramas originales, desviando recursos de la innovación hacia cuotas de representación. Estudios como Ubisoft, Electronic Arts y Sony han priorizado agendas DEI bajo redes de capitalismo clientelar, resultando en productos predecibles. El wokismo impone uniformidad ideológica, sofocando voces disidentes y perjudicando el desarrollo de los videojuegos al procurar la contratación de devs con el pelo púrpura, a menudo ajustados solo a su causa política multicolor.


El sesgo wokista en la prensa especializada


En el peor de los casos, sitios como IGN, GameSpot, Hobby Consolas y Vida Extra exhiben un sesgo wokista que distorsiona la crítica objetiva. IGN prioriza narrativas progresistas, como en Black Myth: Wukong, enfocándose en acusaciones de sexismo sobre gameplay. GameSpot condena jugadores opositores a temas progresistas como "intolerantes" o "fascistas". 


Esta parcialidad influye en puntuaciones sesgadas y presiona desarrolladores a complacer medios, perpetuando un ciclo donde la creatividad se mide por alineación ideológica.


La erosión de la creatividad original por el wokismo


El wokismo erosiona la creatividad al priorizar representación sobre innovación narrativa. Eventos como GamerGate dividen comunidades, estigmatizando críticas como "derechistas". En desarrollo, genera juegos forzados con inclusividad artificial, como en AAA ajustados a checklists. Flops como Saints Row 2022 y Star Wars Outlaws confirman que el público con sentido común rechaza esta fórmula. En oposición, Knight's Path resistió intentos de cancelación wokista por no incluir romances LGBTQ+ "por fidelidad histórica", lo que provocó un "meltdown" activista pero catapultó su popularidad, con apoyo masivo en comunidades gamers. La prensa amplifica esta erosión, marginando obras originales y reduciendo la industria a vehículo ideológico.


En conclusión, el activismo político y el wokismo amenazan la creatividad, fomentando censura y fracasos, mientras éxitos como Knight's Path validan la resistencia creativa, de gente que se niega a caer en el "Go Woke, Go Broke". Desarrolladores deben priorizar libertad para restaurar innovación y diversión, como solía ocurrir tradicionalmente.


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