En el momento de su lanzamiento, Battlefield 3 supuso un cambio de paradigma en los juegos de disparos en primer persona. Este es el análisis.
Battlefield 3 es un juego de disparos en primera persona que constituye, en lo particular, la sexta entrega en la línea principal de la saga desarrollada por DICE y publicada por Electronic Arts para competir contra las ventajas ofrecidas por los Call of Duty más modernos. Equipado con el motor Frostbite 2, prometía revolucionar el género de los shooters en primera persona mediante batallas a gran escala, destrucción dinámica y una fidelidad gráfica sin precedentes en consolas de séptima generación. Durante su desarrollo, se utilizó una nueva tecnología de animación de personajes llamada ANT, que ya se ha empleado en juegos de EA Sports, pero fue reajustada para concebir soldados más realistas, con la capacidad de ponerse a cubierto y girar la cabeza antes que el cuerpo, así como de una asistencia mejorada de los NPC para "arrastrar a los camaradas caídos a un lugar seguro y montar armas en casi cualquier parte del terreno", como declaró EA en aquel entonces. Todo esto llevó a que tuviera expectativas elevadas en el mercado poco antes de su exitoso lanzamiento.
Aunque estas anécdotas responden más a su tiempo, me han servido como referencia para jugarlo por completo luego de 15 años de su lanzamiento, aprovechando que todavía sigue disponible el port de la PS3. Para terminar dicha tarea paso alrededor de cinco horas con el control en mano, pero durante todo este tiempo me asalta la sensación de que la aclamación no se justifica de ninguna forma porque, francamente, me parece un shooter predecible y algo genérico, que suele tropezar con las deficiencias de una historia aburrida y cuya jugabilidad sobre la guerra moderna, a menudo, busca robar las premisas de COD para ajustarlas a su corta campaña para un jugador. Básicamente se erige como un pilar endeble en una estructura por lo demás robusta que solo deposita sus virtudes en el multijugador y el apartado técnico.
Para empezar, la narrativa de Battlefield 3 es, en esencia, un ejercicio de previsibilidad que carece de originalidad y profundidad emocional. La trama, ambientada en 2014, se desenvuelve a través de flashbacks durante un interrogatorio al sargento Henry Blackburn (Gideon Emery), un marine estadounidense acusado de negligencia en una operación antiterrorista para capturar a Faruk Al-Bashir (Ray Haratian), el líder de la PLR (People's Liberation and Resistance), una organización terrorista iraní radicada en el Medio Oriente que ejecuta un golpe de Estado en Irán para provocar una invasión estadounidense. Durante este interrogatorio frente a dos oficiales de la CIA, Blackburn narra sus experiencias en las batallas de Teherán junto a sus compañeros de escuadrón, donde realiza misiones peligrosas con metralleta en mano para matar terroristas, mientras investiga la ubicación del objetivo a través de las pistas dejadas por el traficante de armas ruso Amir Kaffarov (Endre Hules). El antagonista principal, Solomon (Mark Ivanir), se revela como un antiguo agente de la CIA y el verdadero líder de los PLR, operando su grupo paramilitar de terroristas rusos desde las sombras con el propósito de detonar armas nucleares en París y Nueva York.
Esta premisa, reciclada de incontables thrillers geopolíticos posguerra fría, no ofrece giros sorprendentes ni dilemas morales complejos porque, por lo regular, los personajes son mostrados como arquetipos planos y estereotipados sin desarrollo psicológico. Blackburn, el protagonista, permanece mudo durante gran parte de la campaña y solo habla en las cinemáticas que sirven como antesala para reconstruir el relato, quedando como un avatar vacío para ocupar el puesto del héroe que resuelve la crisis. Sus aliados, cuyos nombres no logro recordar, encarnan el cliché del marine patriótico, recitando diálogos genéricos sobre deber y sacrificio. Y el villano Solomon, con su acento ruso exagerado y motivaciones ideológicas vagas, evoca caricaturas hollywoodenses sobre terroristas, careciendo de la complejidad de otros antagonistas vistos, por ejemplo, en la saga de Call of Duty: Modern Warfare. A todo esto se suma que los eventos se suceden de forma lineal: infiltraciones, tiroteos en entornos urbanos y secuencias de vehículos predecibles, culminando en un clímax anticlimático donde el villano intenta escapar solo para reaparecer en un giro obvio en el que el héroe intuitivo, luego de perseguirlo por el tren, lo detiene en el último minuto para impedir el atentado terrorista en las calles multitudinarias de Times Square.
En términos generales, la jugabilidad de la campaña single-player me resulta genérica en su ejecución, imitando fórmulas establecidas por competidores de Activision sin superarlos en su variabilidad de mecánicas, por lo que apenas es competente. El personaje que controlo realiza las acciones básicas que se esperan del género de disparos en primer persona al disparar, caminar, correr, agacharse, saltar y golpear. El repertorio de armas incluye cuchillos, ametralladoras, subfusiles, pistolas, granadas, lanzacohetes, escopetas y rifles de francotirador, con una variedad de opciones que aparecen con frecuencia para adaptarse al combate en la zona de operación. El objetivo de cada misión es completar las tareas asignadas en el HUD, como ir a cierto punto o atacar blancos específicos para avanzar, a menudo corriendo y disparando por una serie de mapas ambientados locaciones como Teherán, Sulaymaniyah, París, Kuwait, Golfo Pérsico y Nueva York. Los mapas abarcan calles urbanas, desiertos áridos y paisajes abiertos para el combate táctico con armas. Y las misiones alternan entre tiroteos en pasillos estrechos y secciones de francotirador, así como algunas secciones en las que ocurren persecuciones vehiculares en tanques de guerra y secuencias aéreas en las que el protagonista asume el rol de artillero en un jet F/A-18.
Adicionalmente, Battlefield 3 presenta batallas en los modos cooperativo y multijugador. El modo cooperativo me permite jugar partidas cooperativas de algunas misiones con otros jugadores, en las que se puede superar las puntuaciones de amigos y realizar un seguimiento de su rendimiento en la red social Battlelog —un servicio multiplataforma gratuito con mensajería de texto integrada, comunicación de voz y estadísticas del juego— , tras acumular puntos que desbloquean contenido adicional que se puede usar en el multijugador. El modo multijugador, en cambio, permite seleccionar una de cuatro clases —Asalto, Apoyo, Ingeniero y Reconocimiento—, con roles particulares que determinan la especialidad y armamento adecuado para incrementar la eficacia durante los combates en línea. La clase Asalto se centra en los fusiles de asalto y la curación de compañeros. La clase Apoyo se centra en las ametralladoras ligeras y el suministro de munición. La clase Ingeniero se centra en el apoyo y la destrucción de vehículos. La clase Reconocimiento se centra en el francotirador y la detección de enemigos. para acceder a partidas en las modalidades de Conquista, Asalto, Combate a muerte por escuadrones, Asalto a muerte por escuadrones y, por primera vez desde Battlefield 1942, Combate a muerte por equipos.
A pesar de las irregularidades mencionadas, Battlefield 3 se rescata por algunos de las propiedades que encabezan sus logros técnicos. Por la parte gráfica, el motor Frostbite 2 se encarga de construir texturas de alta resolución, iluminación volumétrica dinámica y un sistema de destrucción procedural que transforma entornos urbanos y desérticos en escenarios creíbles que casi siempre mantienen el caos de la guerra en 30 FPS, generando una inmersión visual que todavía, a día de hoy, se ve bastante bien. Las físicas realistas de este motor también retienen la integridad en las texturas de los aviones y los tanques de guerra, aunque pierde puntos con el diseño acartonado de los personajes. Por el lado sonoro, ofrece efectos que complementan la autenticidad de los combates caóticos, donde el ruido supersónico de las balas, el estruendo visceral de las explosiones y el retroceso palpable le dan una dimensión auditiva correcta al realismo bélico, que escucho junto al trabajo de doblaje de los actores. La banda sonora diseñada por Johan Söderqvist y Patrik Andrén, de igual modo, cumple un desempeño aceptable con su partitura orquestal épica y swells dinámicos que busca potenciar las secuencias de acción sin trascender.
Todo esto, en última instancia, me induce a pensar lo suficiente como para saber que Battlefield 3 es un juego de disparos en primer persona que tropieza con sus debilidades narrativas, personajes estereotipados y un gameplay básico que no me invita para a volverlo a jugar porque, a decir verdad, no posee valor de repetición en su corta campaña. Se nota claramente que la intención de EA aquí es renovar la franquicia para competir con lo que ofrece la saga de Modern Warfare, pero algo me dice que es incapaz de superar su falta de ambición, donde la innovación visual no compensa la vacuidad creativa. Aunque el componente multijugador justificaría su adquisición, ya no sirve de nada porque los servidores fueron cerrados en 2024. Esto, por así decirlo, terminó de sepultarlo como experiencia olvidable. Para mi gusto queda, más bien, como un diamante en bruto, pulido solo a medias.
Año: 2011
Género: Disparos en primera persona
Consola: PlayStation 3 (PS3)
Calificación: 5/10













