El creador de Super Smash Bros. advierte lo que sucedería en la industria de los videojuegos si se pierde la creatividad. Descúbrelo.
Cuando Masahiro Sakurai habla, la industria del videojuego suele prestar atención. El creador de Kirby y director de Super Smash Bros. no suele lanzar frases vacías ni buscar titulares fáciles. Sabe que la industria cambia a ritmo acelerado que puede traer consecuencias en el largo plazo.
En los Japan Game Awards 2026, Sakurai decidió poner fin al Game Designers Award, el premio que él mismo impulsó desde 2010 para reconocer la creatividad y la innovación, y aprovechó el momento para dejar una advertencia que resuena con fuerza: "La innovación no siempre va ligada a la rentabilidad [...] Siempre resulta difícil que se reconozca este tipo de innovación y creatividad, pero si la industria pierde ambas cosas, creo que acabará muriendo lentamente. Siempre necesitamos nuevos descubrimientos e innovaciones para mantener la industria fresca y viva".
El premio que se apaga y la verdad incómoda
Durante dieciséis años Sakurai presidió ese galardón, seleccionaba nominados y defendía títulos que aportaban algo distinto. El último ganador fue Word Game, del estudio taiwanés Team9. Al anunciar el cierre, explicó con claridad que no encontró a nadie dispuesto a asumir el mismo compromiso. No se trataba de un gesto dramático, sino de una decisión práctica después de años de intentar encontrar un relevo que no llegó.
Lo más interesante llegó después. Sakurai reconoció algo que muchos sospechan pero pocos dicen en voz alta: la originalidad no influye demasiado en las ventas. Ocupa un lugar bastante bajo en la lista de prioridades. Usó una comparación cotidiana y certera. En las tiendas de conveniencia casi nadie se lanza a probar cada bebida nueva que aparece en el estante. La mayoría prefiere el sabor conocido, el que ya ha cumplido expectativas y no decepciona. Con los videojuegos ocurre algo parecido. Los jugadores suelen elegir lo familiar, las mecánicas que ya dominan, las historias que les garantizan cierta seguridad emocional y de tiempo invertido.
Por qué esa preferencia puede convertirse en trampa
El problema aparece cuando esa preferencia se convierte en la única brújula de toda una industria. Sakurai recordó que el sector existe hoy gracias a quienes en su momento se atrevieron a inventar formas nuevas de entretenimiento. Sin esas apuestas tempranas no habría géneros, no habría controladores con vibración, no habría mundos abiertos ni combates que mezclan personajes de universos distintos. La costumbre de apostar siempre por lo seguro genera productos pulidos, predecibles y comercialmente viables a corto plazo, pero empobrece el terreno donde nacen las ideas que luego todos copian.
Es fácil observar el patrón en el mercado actual. Secuelas interminables, remakes de títulos que ya funcionaron, fórmulas que se repiten con gráficos mejores y sistemas de monetización más refinados. El riesgo creativo se reduce porque los números de ventas premian la familiaridad. Sakurai no niega esa realidad. Al contrario, la nombra con honestidad. Su punto es otro: si la originalidad deja de tener espacio, la industria se vuelve un mecanismo que se alimenta de sí mismo hasta quedarse sin combustible.
Una llamada a seguir buscando lo distinto
El cierre del premio no significa que la creatividad haya desaparecido. Significa que ya no habrá un espacio institucional tan visible para celebrarla de la misma forma. Sakurai cerró su intervención con un deseo sencillo y directo: que la gente siga prestando atención a la novedad, a la originalidad y a las cualidades únicas que solo una obra concreta puede ofrecer.
La advertencia de Sakurai no es un lamento nostálgico. Es un diagnóstico frío y preciso. La industria puede seguir vendiendo durante años apostando por lo conocido. Puede generar beneficios, contratos y titulares. Pero si deja de inventar, si deja de arriesgarse a crear sabores nuevos, terminará caminando hacia una muerte lenta, casi silenciosa, mientras todos siguen comprando la misma bebida de siempre.

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